Arreando





-Muchachos, hoy quisiera comprobar si ustedes saben hacer lo que yo les pida que hagan. ¡Y aviso que lo pediré en inglés! Para animarlos, voy a coger un palo-palote y pienso darle en el culo-culote a aquellos que no sean lo suficientemente rápidos en ejecutar mis órdenes. ¡¡¿Comprendido?!! -pregunto marcialmente, mientras rebusco por la clase hasta que encuentro el instrumento más contundente que tenga la tutora en clase.

-¡¡Siiiiiiiiiiii!!! -contesta la tropa, entre risitas de expectación.

-Stand up!! -les suelto, con mirada torva, y ellos se ponen de pie.

-Sit down!! -espeto, enarcando una ceja. 

Y así continúo, cosa que ellos esperan, aumentando el ritmo hasta que no les da tiempo material de hacer lo que les pido. Lo cual les importa un rábano, porque lo importante para ellos es la juerga. ¡Qué caterva!

-Out, todo el mundo!! -ordeno.

Y ellos se van al patio marcando el paso mientras repiten 'Out!', '¡Out!'. Cuando han salido todos del aula, asomo mi cabeza por la puerta:

-Pero, ¿quién os ha dicho que estéis 'Out'...?

Antes de que pueda continuar mi frase ya hay siete u ocho que contestan, señalándome con dedos acusadores:

-¡¡¡Túúúúúúúú!!!

-...si lo que yo quiero es que estéis 'In'? -termino la pregunta y todos comienzan a entrar a clase entonando un rítmico 'in', 'in...

Y así continuamos, añadiendo órdenes como 'Table' -al sonido de la cual, todos tienen que buscar una mesa en donde sentarse-, 'Chair' -idem, para las sillas-, 'On the table', 'On the chair', 'Under the table' y 'Under the chair'. A veces repito la misma orden para forzarles a pensar en lo que digo, pues de otro modo piensan que sólo se trata de cambiar de posición.

Todo ello amenizado por un amenazante maestro de mirada atravesada que persigue a los retrasados garrote en mano.

El lector puede imaginarse la zapatiesta que se arma.

Aprendiendo a describir


Tras cinco años juntos y antes de que se vayan para siempre como alumos míos, nos dedicamos  a aprender el control nº 50 en el que repaso las diversas formas del presente del vebo 'To be' y añado algunos adjetivos más de los que ellos ya habían aprendido.

Luego, escribo los adjetivos en la pizarra - fat, thin, big, small, strong, weak, short, tall, clever, silly, beautiful y ugly- y le pido a la clase entera que construyan todos a la vez frases con 'You're... y I'm...' dependiendo del adjetivo que yo vaya señalando.

¿Había alguna duda de que 'I'm...' iría acompañado por 'strong', 'big', 'clever' y 'beautiful', en tanto que los compañeros de 'You're...' serían 'fat', 'ugly', 'silly' y 'weak'?

Pero, ¿quién educa a estos niños?

Después, pido a un voluntario que se suba a una silla, mientras que otro se dedicará a describirlo con tres adjetivos de los escritos. A pesar de que pueden usar aquellos que quieran -y de que su maestro los estimula a crear frases absurdas, tengo que confesarlo- la mayor parte de los alumnos intentan describir a sus compañeros ajustándose a la realidad.

Harto de ello, me coloco tras el alumno que va a ser descrito y frente al que describe. Sin hacer ruido señalo con la mano tres veces el adjetivo 'fat', por lo que el chaval se ve impelido a construir la frase:

 -You're fat, fat and fat! -Estallido general de risa.

¡Rayos, verás tú que yo voy a tener parte de culpa de la educación de esos chavales!

Las compras se complican


Hoy he decidido complicarles las cosas a los de 1º y 2º: con el mazo de tarjetas en la mano, he ido cogiendo de tres en tres al azar y se las he ido entregando a cada uno de los chavales.

-¿Quién es capaz de comprarme las tres cosas que tiene en las manos?

A pesar de algún que otro titubeo y algún que otro error, la cosa ha ido bastante bien. Los errores más típicos han sido los siguientes:

-Can I have a helicopter, please...?

-Como son tres cosas, tendrás que dejar el "please" para el final. Como en español -le explico.

O esta otra:

-Can I have a mouth, tree and car, please?

Y entonces le explico que las dos últimas cosas también tienen derecho al artículo. Cuando le pido que repita la frase yo abro una boca de pejesapo cada vez que tiene que pronunciar la "a" correspondiente. No falla.

La frase más complicada, por ser la más compleja al tener que usar varios determinantes, le ha tocado a Carmelo, el cual lo ha hecho divinamente:

-Can I have some peaches, a gorila and two eyes, please?

Sí, ya lo sé. Del surrealismo de las compras que practicamos en nuestra clase ya hablaré otro día.

¡Vaya arte!

 
A las dos de la tarde, cuando toca la sirena, una turbamulta de alumnos se lanza atropelladamente a la caza y captura del mejor puesto en la fila para salir los primeros del aula -olvidandose de recoger las mochilas, los chaquetones, los ejercicios que les ha mandado la tutora, etc.- Es entonces cuando, ocasionalmente, se me acercan algunas alumnas de 6 años -siempre niñas- y me preguntan:

-Paulino, ¿te podemos cantar una canción?

Uno, que es de alma melómana, no osa ni por asomo decirles que no, no vaya a echar por la borda la futura carrera artística del alguna pop-star. Así que le digo que cómo no, que estaré encantado.

Aunque la música suele brillar por su ausencia, tengo que decir que el ritmo y la letra están bastante bien ajustados. Y las coreografías, trabajadas. Acabado el espectáculo, yo aplaudo aprobatoriamente, faltaría más.

Pues bien, terminado el número del trío de hoy, yo ya me levantaba y recogía mis cosas cuando se me acerca Patricia y me dice:

-Paulino, ¿te puedo cantar una canción?

Así que vuelvo a sentarme y a adoptar mi postura de crítico benevolente. Lástima que no pueda transmitir en modo alguno la tonada, pero dejo indicado que era a medida de la letra, la cual adjunto:

-Soy una sirena que vive en el mar...
soy una sirena que pasea por el mar...
soy una sirena quetienefamiliaenelmar -todo seguido para no perder la cuadratura rítmica-
soy una sirena... -duda- que trabaja en el mar.

Absorto en la letra y la melodía, espero el acorde final que me indique el fin del hit-parade. Pero algo me dice que tengo que levantar la vista y observo que la copla ya ha finiquitado. Aplaudo y la felicito con encomio. Y mientras Patricia se marcha a recoger su mochila me deja caer, no sin cierto orgullo:

-Me la he inventado yo.
El caso es que me parecía haber notado algo.

Paulino, ¿dónde estamos?

-... y entonces aparece la bruja Paquiloli y con su varita mágica hace "¡¡patachún!!" -risas- y nos manda al cuento de Hansel y Gretel -les cuento con voz cada vez más siniestra y cavernosa.

Algunos comienzan a poner teatrales caras de miedo y a abrazarse al vecino. Grititos y risitas.

-¡Un bosque oscuro nos rodea e inquietantes sonidos se escuchan en la noche! -más grititos y abrazos cada vez más apretujados- Entonces, vosotros me miráis y me preguntáis:

-Paulino, where are we? Where are weee? Where are weeeeeee?

-Y yo os respondo -tapándome una narina y hablando con voz gangosa-: I... don't... know!

Aquí el personal pasa del miedo a la risa de un modo tan voluble que me mosquearía si no fuese por el hecho de que soy yo el que lo que está provocando. Ahora se desternillan. ¡Nada, hay días que uno cae en gracia!

-De pronto, la bruja Paquiloli aparece de nuevo y da otro pase mágico con su varita, ¡¡patachún!!, y nos manda al cuento de Caperucita... Se escuchan los aullidos del lobo por todas partes -No hacen falta más indicaciones: la clase se ha convertido en una jauría hambrienta y ululante. La compañera de la clase de al lado me va a matar. Los chavales van escondiéndose del lobo tras las sillas y las mesas.

-Paulino, where are we? Where are weee? Where are weeeeeee?

-I... don't... know! -vuelvo a responder con voz gangosa y las risas vuelven a soltarse- Entonces, cuando ya estábamos a punto de escapar, vuelve a aparecer la maldita bruja y nos manda al cuento de... al cuento de... -titubeo a fin de que sean ellos los que apunten un nuevo cuento.

-¡Al cuento de la princesa zombi! -espeta Manuela, un renacuajo de cuatro años, que es lo más pequeño que se despacha en niños en el Ikea.

¿La princesa zombi? Pero, ¿de dónde habrá sacado la mocosa esta una idea semejante? Suerte que uno es un profesional como la copa de un pino: oculto mi perplejidad y continúo describiéndoles escenarios de mucho miedo acordes a los títulos que aquí a la tropa se le ocurre.

¿Quién no tiene una mascota?


-Your garden? -pregunta Muzzy a Bob en la clase de 4 años.

Del mazo de tarjetas saco el gorila.

-Señores, alguien se ha dejado suelto su gorila en la calle. ¿Quién ha sido?- pregunto con aire recriminatorio. Varios posibles dueños del animalito levantan la mano, indiferentes a mi tono.

-Your gorila?- pregunto a uno.

-No, my gorila! -responde la vecina. Así que le doy la tarjeta a ella, que aquí el que no corre vuela.

Luego voy extrayendo las tarjetas de todos las posibles mascotas, incluidos el elefante, el hipopótamo, la jirafa y la cebra -que como mascotas serán pelín raros, pero ellos se mondan de risa nada más imaginarse la situación. Y con cada una de ellos expongo los obvios riesgos de dejarlos sueltos en la calle: el elefante estaba a punto de subirse a una bicicleta, la jirafa se estaba comiendo las macetas del tercer piso, etc. Tras cada admonición, la correspondiente pregunta a los posibles dueños:

-Your elephant?

-Yes, my elephant!

Excepto con la cucaracha, mascota ideal donde las haya, en la que la conversación toma una dirección levemente diferente:

-Your cocroach?- pregunto, señalando a todos los alumnos y poniendo cara de disgusto y extrañeza. Y ellos, levantándose y señalándome, responden:

-No, your cocroach!!!!

¡Eso: para mí la más fea!¡Cría cuervos...!

¡Qué vergüenza!


Marta está en la clase de tres años. El otro día estaba con su familia en un restaurante, cuando, de pronto, se levanta y se dirige al camarero en los mismos términos y con los mismos gestos que ha practicado en clase:

-Camarero -dice, mientras hace ademán de chasquear los dedos, mano en alto- I don't like this!

El camarero, extrañado, pasa la vista alternativamente de ella a sus padres. La tía, desvergonzada total y metida en su papel hasta el fondo, pasa por completo de la estupefacción del camarero, para añadir mientras se sienta:

-¡Traigame otra cosita!

¿Pero es que nadie le enseña a estos niños a contextualizar?

¡Estoy ocupado!


Me lo cuenta su padre, muerto de risa:

El coco de cuatro años está en el váter, cuando su abuelo hace ademán de entrar y recibe una voz desde dentro del cuarto de baño que le dice:

-¡Abuelo, go away! ¡I'm busy!

Si el chaval quería decir que él estaba ocupado o que el servicio estaba ocupado da lo mismo. Eso es lo que viene a llamarse aplicación práctica de una lengua, ¿no?

¡Candelaaaaaa!





Cuando invito a los elementos de tres años a un restaurante, la cosa siempre acaba mal porque, dado que el cocinero les ofrece alternativamente comidas estupendas y platos incomibles, ellos acompañan los primeros de palmas y caras de deleite mientras dicen "I like... (lo que sea que hayan comido)" Por el contrario, cuando los platos que vienen de la cocina no son de su agrado, demuestran su disgusto con muecas de disgusto y con la frase: "Camarero, I don't like...!" Entonces, el cocinero se enfada y los persigue por toda la clase, sartén en mano, a fin de darles candela, mientras ellos huyen y se esconden bajo las mesas.

-Os tengo dicho que no le digáis al cocinero que no os gusta su comida, porque entonces, en lugar de daros comida ¿qué os da?

-¡¡¡Candela!!! -responden a coro, entusiasmados.

Lo mismo sucede cuando salen a la feria con su padre a comprar peluches: "Daddy, can I have a...", "Daddy, please" Peluches que ellos van tirando por el camino a fin de pedir al padre que le compre uno más bonito. Entonces éste, dándose cuenta de lo que sucede, les amenaza:

-¿Otro peluche? ¡Candela es lo que os voy a dar!

Y nueva desbandada general.

-Os tengo dicho que no tiréis los peluches -sermoneo-, porque vuestro padre, en lugar de daros uno nuevo ¿qué es lo que os da?

-¡¡¡Candela!!!

Los días que no representamos estas escenas suelen acercárseme varios interfectos de tres años. Algunos, a quejarse:

-¡Paulino, hoy no nos has dado candela!

Otros, a proponer:

-Pauino, ayer salimo a patio, coppamos peuche y os da candela, ¿vale? -José Miguel, aún no domina el castellano ni tiene muy clara la diferencia entre hoy y mañana. De pronunciar correctamente mi nombre, mejor ni hablamos.

Lo malo es que algún que otro elemento sale por la puerta de la escuela gritando a su madre, que lo espera rodeada de otras treinta:

-¡Mamá, hoy Paulino nos ha dado candela!

¡Suerte que lo va diciendo con cara alegre! Aun así espero que luego explique lo que ha pasado realmente. En caso contrario, voy a quedar fatal.

Las compras se van complicando


He colocado dos grupos de tarjetas sobre la pizarra: las de la derecha contienen un objeto; las de la izquierda, representan varios.

Más del 80% de los alumnos de la clase tienen las manos alzadas solicitando ser voluntarios para venir a mi tienda a comprar. Elijo uno.

-Toc, toc, toc -dice, mientras remeda el gesto de llamar a mi puerta.

-Come in! -le invito.

-Hello! -me saluda.

-Hello! -le contesto.

-Can I have... -su mirada va de un grupo de tarjetas al otro. Finalmente opta por lo seguro- a banana, please?

-A banana? Of course! Here you are!

-Thank you! -me dice. Pasa un segundo... dos. Sabe lo que tiene que preguntar ahora, pero no se le viene a la cabeza, así que le ayudo un poco moviendo mis caderas a ritmo de conga. Sus ojos se iluminan- How much is it? - me pregunta, sonriendo, y pronunciándola a ritmo de 2/4.

-One hundred Euros -le contesto. Y un murmullo de asombro se expande por toda la clase.

-Here you are -contesta, mientras me alarga un dinero imaginario. Y se va tan pancho para su sitio cuando lo corto:

-Illo: ¿no nos despedimos, o qué?

-¡Ah! -se lleva la mano a la frente- ¡Adios, Paulino!

Yo miro al techo con cara de paciencia infinita, mientras la clase estalla en carcajadas. El colega se da cuenta de lo que pasa:

-Bye, bye!, quiero decir -lo arregla.

¿Lo arregla? ¿Mezclando dos idiomas? Pero, en fin, ¡no voy a ser tan tiquismiquis con un chaval de 6 años!

Nota: los mas osados se atreven con las tarjetas de la izquierda-"Can I have some...?"- Y hasta alguno me sorprende con un "Can I have a... and some...? ¡Son geniales!